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La humanidad está viviendo una época de cambios profundos y vertiginosos impulsados por la revolución tecnológica y la desaparición del sistema de bloques ideológicos antagónicos.
El proceso de globalización continúa, más allá de las crisis económicas y de seguridad, aumentando la interdependencia entre los seres humanos, aunque esta sea desequilibrada e injusta.
El Estado Nación, como ámbito de realización de la soberanía, de la democracia y de la gobernanza durante la era industrial, se muestra insuficiente para enfrentar los desafíos de la nueva era, sin que aparezcan nuevas formas de gobernabilidad consistentes para la nueva realidad global.
En términos históricos, las verdaderas revoluciones son las que cambian las relaciones culturales entre los seres humanos porque establecen un nuevo sistema de comunicación entre ellos. Esto está ocurriendo con la revolución de RED, de la información que permite conocer en tiempo real lo que ocurre en cualquier rincón del planeta.
Cuando se produce un cambio de esta magnitud y celeridad, el ser humano, como ser histórico, pierde parte de sus referencias, se desestructura ante una realidad que tiene dificultad para interpretar con los códigos aprendidos y sufre la angustia de la incertidumbre.
Nuestra reflexión tiene como propósito central analizar los factores de gobernabilidad de la globalización, en torno a tres ejes básicos:
Una nueva forma de hacer política, que permita avanzar en la universalización de los valores de la democracia en los distintos niveles de toma de decisión, respetando las pautas culturales de origen que no contradigan sino que alimenten este proceso.
Un nuevo enfoque para el desarrollo económico que sea más incluyente y por eso más sostenible, planteando la necesidad - en términos de eficiencia - de crecer y redistribuir el ingreso, respetando el medio ambiente.
Una nueva concepción de la seguridad internacional que acompañe a la necesaria reforma y fortalecimiento de la Naciones Unidas, con dispositivos capaces de enfrentar las nuevas amenazas a la paz sin caer en el unilateralismo y las guerras preventiva.
El propósito es, por tanto, contribuir a la formulación de una alternativa socialdemócrata y progresista capaz de:
- Aprovechar las oportunidades de la globalización, disminuyendo los riesgos que comporta
- Ofrecer un modelo que responda al impacto de la revolución tecnológica, más sostenible económica y socialmente, así como en términos medioambientales, frente al fracaso y la injusticia de la propuesta neoconservadora.
- Defender los valores de la democracia, la paz y la solidaridad, frente al belicismo y la agresión, para la configuración de un nuevo orden internacional.
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