El consenso internacional existente entre los socialdemócratas se ha roto. Al entender las tensiones inherentes entre la gobernanza global, la autodeterminación nacional y la democracia, los socialdemócratas podrían encontrar una nueva legitimación para un internacionalismo coherente con la solidaridad del bienestar nacional.
La reciente crisis financiera no ha inspirado confianza en la capacidad de nuestros líderes políticos de proporcionar una justicia global. Al contrario. En América del Norte y del Sur y en Europa, una gran mayoría de la población siente que aunque los estados han conseguido salvar el sistema bancario, los banqueros están ahora volviendo a prácticas de riesgo en busca de beneficios asignándose enormes primas.
El mundo acaba de sufrir la mayor crisis financiera desde la Gran Depresión. En todo el mundo se han perdido más de 80 millones de empleos. Según las estimaciones de Naciones Unidas, unos 145 millones de personas más están viviendo en la pobreza. Hay una veintena de países que han emergido de la crisis con unos sistemas financieros debilitados y enormes deudas públicas.
El legado perdurable de los textos clásicos reside en el rico credo revisionista que llevó a Crosland a actualizar la socialdemocracia para su época.