El reciente contexto de crisis múltiple –financiera, económica, social y medioambiental– ha propiciado que el capitalismo se encuentre inmerso en un proceso de profundas transformaciones en las sociedades modernas.
Descargar artículo renovación socialdemocracia
‘European Social Democracy must come up with an encompassing project of renewal, a project that is able to meet today´s challenges and that appeals to a heterogeneous majority of the population’ (A. Pfaller, December 2009).
El reciente contexto de crisis múltiple –financiera, económica, social y medioambiental– ha propiciado que el capitalismo se encuentre inmerso en un proceso de profundas transformaciones en las sociedades modernas.
Bajo esas coordenadas, el primer reto al que ha de hacer frente la socialdemocracia europea consiste, precisamente, en aprovechar esta coyuntura como una oportunidad para reflexionar con detenimiento y para proporcionar respuestas a los problemas reales, presentes y futuros. Estas respuestas han de ser, necesariamente, complejas, por lo que resulta crucial saber desgranarlas, hacerlas operativas y explicarlas adecuadamente, especialmente, para combatir la vulnerabilidad de una parte del electorado de izquierdas –las clases trabajadoras y, particularmente, aquellas con bajo nivel de cualificación y recursos escasos– que se ha visto más afectado por los devastadores efectos de la crisis.
Las posibilidades de evolución del paradigma imperante mediante la combinación de justicia social, dinamismo económico y modernización social han de inspirar una ambiciosa agenda de reformas socialdemócratas, abordándola desde tres grandes bloques, ampliamente interrelacionados:
1. Valores y principios: fidelidad y redimensión
Los valores inherentes de la socialdemocracia mantienen su vigencia en las condiciones actuales. Por tanto, al no haber perdido vigor ni aplicabilidad, se precisa su reafirmación como principios de referencia en La búsqueda de la igualdad es el primero de esos valores. Su aplicación consiste en fomentar la lucha no solo por la corrección de las desigualdades, que se han agravado en las dos últimas décadas, sino también por la defensa de la igualdad de trato y de oportunidades. Es necesario combatir activamente cualquier forma de discriminación –por etnia, religión, convicciones, género, orientación/identidad sexual, edad o discapacidad–; rasgos todos ellos que, pese a estar protegidos por el Derecho europeo comunitario, aún persisten como generadores de segregación social. Por otra parte, algunas leyes e iniciativas nacionales de los últimos años han promulgado la igualdad de oportunidades en materia de empleo, educación, promoción y condiciones de trabajo para avanzar hacia una igualdad efectiva. Sin embargo, será indispensable la revisión de las políticas existentes con el fin de observar su cumplimiento, la permanencia de condicionantes no contrarrestados, así como el surgimiento de nuevas demandas sociales.
A su vez, el Estado de bienestar se ha convertido en una conquista irrenunciable. Por ello, hay que defender su consolidación a través de una amplia red de servicios públicos, en especial en dos ámbitos fundamentales para paliar la desigualdad: sanidad y educación.
La educación, además, se convierte en un sector clave en la nueva sociedad del conocimiento que requiere mano de obra más cualificada, flexibilidad y movilidad laboral. En cualquier caso, el asentamiento del Estado de bienestar como logro colectivo no puede entenderse como algo garantizado ni hacer olvidar su amparo por parte de posiciones socialdemócratas. En todo caso, más allá de medidas paliativas y de rescate en situaciones de crisis, es preciso avanzar hacia una agenda de un paradigma socioeconómico alternativo.
En la misma línea, también se demandan esfuerzos para el mantenimiento de la política social en pro de la cohesión y la justicia social como rasgo distintivo de los enfoques socialdemócratas que promueven el acceso al bienestar socioeconómico de los más desfavorecidos. Entre tales políticas ha de incluirse la garantía de niveles adecuados de seguridad económica para las clases medias, junto con perspectivas de empleo y desarrollo futuro. Entre ellas destacan la Ley para la Igualdad Efectiva entre Hombres y Mujeres de 2007 o el Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades 2008-2011.
En estrecha conexión con esos planteamientos, la solidaridad permanece como valor en alza frente a la acentuación de conductas individualistas y al predominio de una visión más competitiva y consumista, con urgencia de inmediatez y cortoplacista, toda vez que el modelo de crecimiento económico neoliberal ha generado polarización en la clase media entre los más y los menos acomodados, provocando en estos últimos falta de expectativas de movilidad social. Entre las variantes de la igualdad, la de género es crucial porque hasta que no se avance decididamente en esa dirección, no se alcanzará el pleno desarrollo social y todavía resta mucho por hacer.
Es preciso conseguir un incremento de la tasa de empleo femenino, favorecer de forma efectiva la conciliación laboral y familiar, el acceso igualitario a los cargos directivos, la no discriminación en términos salariales y, muy especialmente, la promoción de un cambio sociocultural profundo que destierre definitivamente conductas poco respetuosas con las mujeres. Otro colectivo que requiere especial atención es el de los inmigrantes para poder combatir la explotación del miedo en momentos de incertidumbre por las corrientes populistas. Esto resulta factible con la implementación de amplias medidas que fomenten la tolerancia, la educación en la diversidad y la integración social.
La defensa denodada de los derechos civiles, políticos y socioeconómicos conlleva la articulación de mecanismos eficaces de tutela y, en su caso, la ampliación de derechos y libertades a diferentes grupos sociales. La socialdemocracia, frente a otras opciones ideológicas, aboga firmemente por la participación ciudadana con el fin de facilitar su inclusión en los procesos de toma de decisiones mediante la transparencia administrativa, el diálogo social y la rendición de cuentas institucional.
En medio de esta coyuntura adversa, el movimiento socialdemócrata reaparece como inspirador de prosperidad solidaria, en clara oposición al conservadurismo y al mantenimiento de privilegios sociales trasnochados y excluyentes. Esa orientación apuesta nítidadamente por una combinación óptima de sostenibilidad económica, social y medioambiental. La sostenibilidad en sus tres vertientes significa dinamismo, un paso adelante y una opción de futuro encaminada a lograr bienestar para las próximas generaciones mediante la aplicación de herramientas públicas que redistribuyan recursos y resultados. Según la estimación de algunos expertos, elevar la cota de empleo femenino en España al nivel de los países escandinavos podría suponer un incremento de hasta el 15% del PIB.
2. Políticas e instrumentos: adaptación a la situación cambiante
En lo que respecta a las políticas e instrumentos que articulan tales valores, han de contar con suficiente flexibilidad para ser revisables y, de ese modo, adaptarse adecuadamente a una situación cambiante. Así, existe una creciente demanda de gestión eficaz. Se reclama a los partidos socialdemócratas el incremento de su credibilidad como gestores económicos. Esta cuestión no es baladí pues los resultados socioeconómicos se erigen en un fuerte condicionante de la percepción y el apoyo social.
Desde un punto de vista socialdemócrata, la crisis ha puesto de relieve que el Estado sigue desempeñando un papel determinante como regulador para evitar los excesos del mercado –financiero, económico y laboral–. Sin embargo, para ejercer dicha potestad se necesita coordinación supranacional. De hecho, en el entorno de la UE es acuciante la concertación de incentivos y sanciones, estímulos y elementos correctores; reformas todas estas necesarias para acomodarse a un desarrollo sostenible.
Por otro lado, el mantenimiento de la inversión pública en sectores clave como infraestructuras, sanidad, educación e I+D, deviene en crítico para avanzar hacia la sostenibilidad económica, social y medioambiental, por ejemplo, con la creación de mejores condiciones para la generación de empleos sostenibles de calidad. Y esa tarea atañe a todos los niveles de gobierno –estatal, regional y local– en sus respectivos ámbitos competenciales, cuyas acciones han de acometerse con método y coordinación. Simultáneamente, no es posible reducir el nivel de protección social si se desea un desarrollo solidario basado en la cohesión social. El componente social del gasto público se consolida como garantía de la movilidad social.
Un paso más allá del Estado de bienestar se sitúa el denominado Estado dinamizador como actor que pone en funcionamiento nuevos instrumentos para cubrir nuevos riesgos generados por los cambios, incrementando su carácter preventivo, pero también su rol activo en el reparto de externalidades positivas y el soporte de un modelo de desarrollo sostenible.
En clara consonancia con todo lo anterior y como complemento, el proyecto socialdemócrata no ha de renunciar a la aplicación de reformas democratizadoras desde y en el seno de las instituciones sociales y políticas, lo que, además de incidir positivamente en la apertura, la transparencia y el control de los excesos de poder, le va a granjear mayores dosis de reconocimiento y apoyo ciudadano.
Pero todos estos cometidos no pueden ser exitosos si no se cuenta con alianzas sociales estables con otros agentes que conforman colectivos diversos –movimientos ecologistas, estudiantiles, pacifistas, vecinales, asociaciones, ONGs, proveedores de servicios sociales, de ayuda al desarrollo, etc.–. Resulta imprescindible restablecer y fortalecer dichos vínculos. En especial, las actitudes de colaboración y búsqueda de consensos en el triángulo formado por los gestores públicos, la sociedad civil y el sector privado pueden proporcionar un impulso decisivo de carácter constructivo. La organización y el refuerzo de la sociedad civil, junto con la cooperación público-privada y la implicación corresponsable de sindicatos y organizaciones empresariales se convierten en elementos sustanciales en el proceso de reestructuración económica, la formación continua de los trabajadores y la adaptación de la actividad productiva a un nuevo modelo sostenible.
3. Discurso: reformulación para la comunicación y la movilización
Ahora bien, la presencia de valores ideológicos robustos y su combinación con políticas activas y visión de futuro no es suficiente si no se acompaña de claridad expositiva y de un liderazgo sólido y creíble en la socialdemocracia europea, que sepa afrontar convenientemente el relevo generacional, para poder conectar con las bases sociales, logrando su movilización.
Mediante una reformulación del discurso que resulte atractiva, con buena base teórica, pero que también sepa tratar los aspectos más pragmáticos que preocupan socialmente, se podrá contribuir a combatir el desencanto, la apatía social y la desafección política, especialmente de las generaciones jóvenes. Es vital volcarse en ello para imprimir nuevo aliento y lanzar un mensaje esperanzador, regenerador de ilusión, basado en la transmisión de valores que conecten con los sentimientos ciudadanos.
Para ello hay que empezar por una buena descripción de la realidad, por construir un buen relato, bien articulado, interpretativo, que explique, propositivo y diferenciador. La argumentación ha de establecer coherentemente los objetivos que se persiguen y presentar sin artificios las políticas que se entienden necesarias para alcanzarlos. Solo de esa manera se demostrará que se afrontan las tendencias de cambio social –crisis, globalización, individualismo, envejecimiento demográfico, problemas medioambientales, etc.–, con un plan de futuro convincente.
La presentación de los valores, la agenda y los nuevos retos a los que se enfrenta la socialdemocracia se hace para un público cada vez más heterogéneo. Por esta razón, el discurso ha de estar anclado en marcos cognitivos de referencia colectiva. A expandir el mensaje puede contribuir el empleo de técnicas de marketing político y, de manera muy singular, su adaptación a la era digital, donde continuamente emergen nuevos formatos y escenarios (páginas web, correo electrónico, blogs, foros, vídeos, sindicación de contenidos, podcasts, redes sociales, teléfonos móviles, etc.) que permiten una comunicación especializada directa con el ciudadano internauta y nuevas audiencias más exigentes e interactivas.
A modo de conclusión, es posible señalar que la socialdemocracia europea afronta un proceso amplio de renovación para satisfacer las nuevas exigencias generadas por los cambios sociales y los nuevos retos socioeconómicos, que la Tercera Vía no ha sabido abordar correctamente.
Este movimiento contribuyó a difuminar las fronteras entre el conservadurismo y la socialdemocracia, lo que plantea un desafío adicional. La agenda de reformas socialdemócratas parte de la reafirmación y vigencia de los valores identificativos del movimiento socialdemócrata.
Estos se redimensionan en algunos aspectos y se complementan con una enérgica apuesta de futuro por la prosperidad y la triple sostenibilidad – económica, social y medioambiental–. En segundo lugar, las políticas y los programas de modernización adaptan las instituciones y los mecanismos a condiciones cambiantes, pero manteniendo el nivel de protección de las clases medias-bajas. Todo ello exige, en último término, la reformulación del discurso para favorecer la comunicación y la movilización social. En definitiva, el reformismo socialdemócrata pervive como referente ideológico que respalda una transformación progresiva -y progresista de la sociedad con criterios fundamentales de igualdad y justicia social que avanza a favor de un nuevo paradigma socioeconómico. Así, cientos de años después del establecimiento del primer Día de la Mujer, y casi tres años después de la promulgación en España de la Ley de Igualdad entre hombres y mujeres, ¿qué se ha conseguido hasta el momento?
∗ Los contenidos de este artículo se enmarcan dentro de las reflexiones que se están llevando a cabo en el Área de “Política, Ciudadanía e Igualdad” de la Fundación IDEAS y a las que están contribuyendo la orientación de la acción política diferentes expertos. Al mismo tiempo, es posible actualizar y redimensionar algunos aspectos, la incorporación de otros nuevos o la priorización de objetivos para hacer frente a una realidad cambiante.