El autor hace un profundo análisis de las causas y consecuencias de la crisis económica global y plantea, a nivel europeo, algunas posibles soluciones que deberán aplicarse de manera coordinada en el seno de la UE.
Descargar artículo crisis económica
La actual crisis económica global que estamos atravesando no tiene parangón histórico en el que basar nuestras respuestas. Algunos economistas creen en la aplicación de las recetas keynesianas que funcionaron durante un tiempo contra la Gran Depresión a mediados de 1930 y que parecen haber rescatado la economía global de una profunda depresión el año pasado. Otros, subrayan los riesgos que conlleva seguir incrementando el déficit, cuando existen límites claros a los incrementos de los niveles de deuda pública que la mayoría de los países desarrollados han acumulado hasta ahora, en un contexto de mercados de capitales con más volumen y más cambiantes que los que existían en 1930.
Ambas perspectivas son pertinentes, pero el eslogan que se salmodia que unos y otros salmodian no es de mucha ayuda. Hacerle caso omiso acarrea grandes riesgos.
Para poder analizar las políticas adecuadas para salir con éxito de la crisis y enfrentarse a los desafíos que presenta, requiere que primero analicemos cómo llegamos a la situación actual.
Hay que reconocer que los acontecimientos actuales surgen en gran medida de la ideología económica dominante, particularmente en el Reino Unido y los Estados Unidos, en los años 1980 y 1990, es decir que por lo general, los gobiernos fracasaron en las respuestas pero dejaron funcionar a los mercados casi a la perfección. Las teorías económicas fueron a menudo conformistas al apoyar esta ideología, centrándose en modelos en los que tanto los consumidores como los productores estaban completamente al instante y además todos los mercados eran perfectamente competitivos. En dichos modelos, como parte de sus premisas, había poco espacio para las políticas públicas.
Mientras había voces disidentes durante aquel período, no existía ningún contrapeso sólido en el debate económico. Hoy en día, vemos los límites de la aplicación de estos modelos, particularmente a los mercados financieros, donde las asimetrías de la información son tan amplias y donde existen fuertes incentivos para la explotación despiadada de tales asimetrías, en gran medida porque los empleados y las instituciones financieras están protegidas implícita o explícitamente de las consecuencias de los enormes riesgos que están asumiendo.
Entender cómo llegamos hasta aquí es crucial para la formulación de políticas para resolver la crisis.
Pero, al mirar hacia adelante, tenemos que examinar en conjunto las claves de los desafíos a los que el mundo se enfrenta en la próxima década, de lo contrario corremos el riesgo de fracasar en cada uno de ellos, incluido el de salir de esta crisis económica global con economías saneadas.
Existen seis desafíos interrelacionados que juntos hacen que esta década sea de vital importancia. La aplicación de buenas políticas nos puede llevar a una senda radicalmente nueva y atractiva. Unas políticas erróneas pueden causar daños profundos y duraderos. Estos desafíos son los siguientes:
1. Los desequilibrios de la macroeconomía: hay países con grandes superávits de ahorro en las inversiones y por tanto en la balanza de pagos, y otros con elevados déficits.
2. Los problemas de deuda de las grandes economías están en aumento.
3. Una reforma fundamental de un sector financiero disfuncional es vital para poder evitar otras crisis en el futuro.
4. Cambios profundos y continuos en la distribución y división internacional del trabajo. Por ejemplo, pronto China dejará de ser un simple fabricante “barato” para subir en la escala de valor en la producción y convertirse en un país con mayores niveles de consumo. Estos cambios traerán una nueva realidad política y económica que afectará a Europa, América y al mundo en su conjunto.
5. El cambio climático así como los problemas que plantea para la humanidad, y cuya solución radica en una nueva y radical revolución industrial que empezaría en esta década.
6. La batalla continua contra la pobreza en el mundo.
A veces, para hacer una buena política es necesario centrarse en prioridades concretas. Pero, en otras circunstancias, es mejor considerar los problemas relacionados en su conjunto. En este caso podemos y debemos de forma simultánea emerger de la crisis, sentar las bases de una nueva revolución industrial y del crecimiento futuro, promover una vía alternativa de desarrollo sostenible para superar la pobreza en el mundo.
La nueva revolución industrial creará grandes oportunidades para la innovación, el empleo así como el crecimiento pero, al contrario de sus predecesores, esta revolución necesitará de un fuerte liderazgo en políticas públicas así como de una colaboración internacional. Para que los mercados tengan un buen funcionamiento, se deben aplicar de alguna (vía precio, impuesto o regulación sobre el carbono) medidas para superar los enormes fallos que el mercado de emisiones presenta ante la ausencia de un precio.
En cuanto al equilibrio entre las finanzas públicas y el ahorro/inversión, los países deben empezar a aplicar medidas encaminadas a volver a poner sus economías en pie cuanto antes. Pero, es de suma importancia que se haga de forma que no se empuje de nuevo a Europa o el mundo a una nueva recesión. Se debe continuar la consolidación fiscal con determinación pero sin ideología ni rigidez. A medida que aplicamos los planes de recortes debemos tener en cuenta que la experiencia nos demuestra que si los niveles bajan a un ritmo mayor a 1,5 puntos porcentuales del PIB anual, se intensifica el riesgo de recesión. Esto es aun más importante en una economía regional integrada como la europea. Por ejemplo, unos dos tercios de las exportaciones españolas son hacia Europa y si toda Europa recorta de forma simultánea la demanda, sería muy difícil que la demanda en España sea estimulada por las exportaciones fuera de Europa. La política de contención del gasto público aplicada por España parece ser la correcta. En algunos casos, es más importante ser más ambicioso de lo que sería estrictamente necesario, desde un punto de vista de la demanda/política fiscal, con el objeto de aumentar la confianza de los mercados financieros. En mi opinión, los ajustes fiscales propuestos por España se adecuan a estos requisitos de mayor austeridad.
La Eurozona en su conjunto tiene un balance fiscal equilibrado, algunos países tienen grandes déficits y otros tienen unos superávits considerables. Por tanto, sería de gran ayuda fomentar la coordinación entre los países de la Eurozona y diseñar unas políticas conjuntas para toda la Unión Europea. Esto supondría tanto una mayor integración económica de los países de la Eurozona como una revisión de los pactos de estabilidad y crecimiento.
Pero, más allá de eso, es necesario convencer a las potencias de la UE, en especial Alemania, con un fuerte superávit en la balanza de pagos, que mientras la consolidación fiscal es de vital importancia a medio plazo, no debería convertirse en una obsesión primordial a corto plazo. Las políticas nacionales de consolidación de las finanzas públicas de cada país podrían tener repercusiones a nivel europeo más allá de los efectos internos en cada país. La solidaridad europea necesaria para una política económica saneada, implica que cada país tenga en consideración los efectos que puede tener sobre Europa en su conjunto.
Gestionar la crisis de forma justa y eficiente requiere la promoción de la distribución y la protección de la población más vulnerable, a la vez que la creación de oportunidades de futuro. Por tanto, es de vital importancia mantener las políticas de inversiones públicas y la promoción de una economía verde.
Esto significa estimular e invertir en la eficiencia energética, el transporte público, la tecnología baja en carbono y en una mejor educación.
Si Europa actúa conjuntamente y se enfrenta a los desafíos como un conjunto, puede construir, durante esta década, un futuro seguro y emocionante. La visión cortoplacista e estrictamente ideológica podría ser muy dañina.