La responsable de la Red Internacional de la Fundación IDEAS, Carmen de Paz, analiza el presente y el futuro de la socialdemocracia en Europa, poniendo de relieve cuáles son sus retos más inmediatos.
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A la vista de los resultados electorales más recientes en países europeos de larga y consolidada tradición socialdemócrata parece confirmarse el relativo declive de estos movimientos políticos en la región. La mayoría de países escandinavos están hoy gobernados por el centro-derecha, con la excepción de Noruega, y sólo cuatro gobiernos en Europa están encabezados por la izquierda. Los resultados de las últimas elecciones al Parlamento Europeo en 2009 son especialmente reveladores en este sentido, ya que sólo en 6 de los 27 Estados miembro los partidos socialdemócratas lograron una representación mayor que la de los partidos de centro-derecha. En esta línea, las últimas elecciones nacionales en Alemania, Holanda, Francia y Reino Unido han arrojado los peores resultados en perspectiva histórica para los partidos laboristas holandés y británico, el SPD alemán y el Partido Socialista francés en las últimas décadas.
Muchos hablan de una crisis irreversible de la socialdemocracia europea, que ya se venía anunciando desde los años 1980, enfrentada a desafíos para los que no tiene respuesta y atrapada en contradicciones consustanciales a su ideología y principios; otros de la necesidad inminente de redefinición de la agenda, alianzas y operativa de los partidos socialdemócratas, que se han quedado obsoletos y han perdido relevancia en el contexto actual. ¿Qué está ocurriendo con la socialdemocracia en Europa? ¿Estamos siendo testigos del inicio de la desaparición de una de las ideologías mayoritarias a lo largo del SXX en el continente? ¿O asistimos a las primeras fases de su reconversión y renacer?
Los foros de discusión y proyectos de investigación que se han puesto en marcha desde diferentes ámbitos en respuesta a estas tendencias están ayudando a clarificar el diagnóstico. Es evidente que las circunstancias hoy no son las de los años 70 y 80. La globalización creciente, la institucionalización del estado de bienestar, la consolidación del sistema de libre mercado como pilar esencial de nuestro modelo de bienestar, la mejora generalizada de los niveles de vida medios en la mayoría de países y la creciente heterogeneidad social ¨sin dirección¨, o la progresiva fragmentación del espectro político, son sólo algunos de los factores que explican el desfase que las plataformas, agendas y alianzas de algunos partidos socialdemócratas han experimentado con respecto a las preocupaciones y aspiraciones mayoritarias de la población europea.
Con respecto al ideario y agenda políticos, los desafíos derivados de la globalización, como los relacionados con los movimientos migratorios, la emergencia de nuevos poderes en la escena internacional, la gestión de las nuevas amenazas a la seguridad o la necesidad de ¨más gobierno global¨ frente a la creciente integración y liberalización económica y financiera son cuestiones que han ido ascendiendo en la escala de prioridades de una gran mayoría de europeos en los últimos años, y para las que los socialdemócratas no parecen haber encontrado y/o transmitido respuestas adecuadas en muchos países.
Los problemas relacionados con la integración de los inmigrantes en sociedades como la holandesa o francesa, que han venido cobrando mayor relevancia en los últimos tiempos, acompañados de un discurso de corte ¨populista¨ con respecto a estas cuestiones por parte de partidos de la derecha, exigían de los partidos socialdemócratas una posición clara, contundente y coherente con los valores de izquierda que en muchos casos se ha evitado debido a las dificultades y las potenciales contradicciones que este tema implica para la socialdemocracia.
La respuesta a otros asuntos que revisten cada vez mayor importancia, como el de las amenazas a la seguridad relacionadas con el terrorismo internacional y la participación y/o colaboración en operaciones militares como las intervenciones en Afganistán e Irak, o la emergencia de potencias económicas como China, también plantean problemas de particular calado a los movimientos socialdemócratas europeos. Así, por ejemplo, la cuestión del apoyo y gestión de la intervención en la Guerra de Irak ha sido especialmente complicada para los laboristas británicos.
Por otro lado, la institucionalización del estado de bienestar, el mayor logro de estos movimientos políticos, ha vaciado al mismo tiempo de contenido y objetivos diferenciados sus programas políticos. El compromiso con la igualdad, centrado en la mayoría de los casos en el aspecto económico, y no tanto en la igualdad de derechos como sí es el caso de España, no ha parecido dar frutos en países en los que la desigualdad ha aumentado con gobiernos socialdemócratas, como Reino Unido; mientras que en países en los que la distribución de la renta es más uniforme y la renta media elevada, ha ido progresivamente perdiendo importancia.
Por otro lado, la primacía del libre mercado en las últimas dos décadas, en las que, además, muchos de los gobiernos europeos estaban dirigidos por partidos socialdemócratas, plantea asimismo desafíos importantes. En primer lugar, la necesidad de ofrecer un modelo y políticas económicas alternativas desde la socialdemocracia, y en concreto en tiempos de crisis y restricción de recursos como el actual.
En este sentido, se debe considerar central la importancia que concede una mayoría del electorado a la confianza y seguridad en momentos de mayor incertidumbre. El progresismo se caracteriza y se ha caracterizado siempre por promover el cambio, lo que en momentos de inseguridad no resulta tan atractivo para la ciudadanía. Es por tanto necesario hallar una fórmula que permita seguir trabajando por el cambio en positivo pero desde la protección de la seguridad económica, humana y social de los ciudadanos/as europeos.
En línea con estas tendencias, las alianzas tradicionales de la izquierda precisan de una clara renovación. Las demandas son hoy diferentes, y los grupos sociales a los que debe dirigirse la izquierda también. Los colectivos preocupados por la ampliación de los derechos civiles, por el medio ambiente, por la progresiva democratización de los logros de la modernización, como las nuevas tecnologías, los jóvenes profesionales formados y con aspiraciones diferentes a las de las generaciones anteriores, o las personas por encima de la edad de jubilación con interés y capacidad para mantenerse activas, han cobrado una importancia cada vez mayor, frente a los aliados tradicionales de los partidos de izquierda, los sindicatos, que, al igual que estas fuerzas políticas, necesitan readaptarse a sociedades cambiantes y cambiadas, si no quieren continuar perdiendo representatividad.
Un factor adicional, relacionado tanto con la agenda como con las alianzas del futuro, es la creciente fragmentación, heterogeneidad y volatilidad de los electorados, que ha llevado a algunos especialistas a advertir del final de los llamados ¨catch-all parties¨ o partidos de masas. Esta tendencia concede cada vez más importancia al liderazgo individual frente al de partido, y tiende a favorecer el voto basado en cuestiones específicas frente al más ideológico o el voto útil.
Algunas de las respuestas a estos desafíos o problemas de cara al futuro que se van apuntando desde los diferentes foros dedicados a la ¨renovación del pensamiento y política socialdemócrata¨ incluyen, por tanto:
Definición de un modelo económico alternativo al conservador y al liberal, válido en tiempos de crisis y basado en la equidad y la eficiencia, pero también en la sostenibilidad – En línea con este objetivo, parece evidente que es necesario redefinir el papel del sector financiero vis-à-vis los sectores industrial y tecnológico, orientados hacia el crecimiento verde, y del sector público en general en términos de productividad, calidad de los servicios e inversión pública. Así mismo es necesario adoptar una posición clara con respecto al uso/futuro de la energía.
Definición de un programa y hoja de ruta que generen confianza en el electorado en momentos difíciles, promoviendo el cambio, la movilidad y las oportunidades de forma controlada y dirigida, pero garantizando la seguridad y certidumbre en las esferas económica, jurídica y social.
En línea con el anterior objetivo, mejorar la comprensión de las clases medias y sus nuevas aspiraciones y preocupaciones. Las anteriores ¨clases trabajadoras¨ son hoy mayoritariamente ¨clases medias¨ en Europa. De manera generalizada esta mayoría de los electores tradicionalmente socialdemócratas se auto-posicionan más como contribuyentes que como beneficiarios con respecto al Estado de bienestar, y por tanto son cada vez más proclives a la prudencia fiscal y tienen una percepción/interés diferentes en el valor de la solidaridad .
De acuerdo con la vocación transformadora del progresismo, contribución de manera activa a la organización de la sociedad civil y la representación de los nuevos grupos sociales, así como a la creación de nuevos ¨hábitos colectivos¨ dirigidos a la efectiva consolidación y generalización de valores socialdemócratas como el de la sostenibilidad o la solidaridad, y la responsabilidad individual y colectiva.
Definición de una agenda internacional clara, coherente, e innovadora, que dé una respuesta adecuada a cuestiones delicadas como la de la seguridad, tanto en el plano militar como económico, y a la creciente necesidad de compatibilizar diferentes niveles de gobierno en los distintos ámbitos, desde el local, hasta el global.
Definición de una narrativa y desarrollo de formas de comunicación que permitan conectar con colectivos que hablan el idioma del cambio y la innovación manteniendo la conexión con los colectivos más tradicionales.
Renovación de los partidos socialdemócratas en su cultura y estructura, excesivamente conservadoras, inmovilistas y endogámicas o percibidas como tales por una gran parte del electorado, en concreto el más joven.
Compatibilización del fortalecimiento del papel de Estado en todos los niveles, especialmente el local, con el de la sociedad civil y la responsabilidad individual en los diferentes ámbitos. En este sentido, es necesario redefinir el papel del Estado frente a instituciones como la del mercado, como promotor de los intereses generales frente a los de las élites, pero reconociendo también sus limitaciones.
Concluyendo, los próximos años van a ser claves para el futuro de los partidos socialdemócratas europeos, enfrentados simultáneamente a una situación delicada sin precedentes en un momento especialmente convulso en la escena económica. Su futuro y la continuidad de la primacía de los valores y políticas socialdemócratas en Europa pasan por una modernización y renovación del pensamiento, acción e instituciones de la ideología europea por excelencia. Cabe esperar que los líderes actuales sean capaces de operar este cambio, esencial para reconectar con unas sociedades crecientemente escépticas con respecto a la clase política y a la capacidad de los socialdemócratas para ofrecer alternativas viables e innovadoras que den una respuesta adecuada a los desafíos, problemas y aspiraciones de hoy en día.
*Artículo basado en las conclusiones de la reunión organizada por Policy Network y Wiardi Beckman Stichting Foundation en Ámsterdam sobre el futuro de la socialdemocracia europea, los días 30 de junio y 1 de julio de 2010, y encuadrada dentro del llamado Proceso de Ámsterdam de renovación del pensamiento y políticas progresistas en Europa.