El autor plantea uno de los principales problemas ideológicos que afrontan los partidos progresistas en la actualidad, y el papel que han de jugar los jóvenes socialistas a la hora de resolverlo.
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Desde que me eligiera el 24º Congreso Federal de Juventudes Socialistas de España el pasado mes de abril como Secretario General han sido abundantes las entrevistas que he respondido y, en muchas de ellas, he tomado conciencia de, quizás, uno de los principales problemas por los que atravesamos los socialistas, socialdemócratas y laboristas en todo el mundo: sabemos muy bien qué es lo que no queremos, pero llevamos lustros, quizás más de los que pueda alcanzar mi memoria política, sin articular qué es lo que queremos o, si lo sabemos, desconocemos profundamente cómo alcanzarlo.
Así pues, la pregunta es doble: ¿cuál es el destino? y ¿qué camino escogemos?
Tenemos dudas sobre el fin y sobre el método. Y la ciudadanía que siempre nos ha mostrado simpatía ha venido progresivamente dándose cuenta de que la postergación del problema ha sido, por desgracia, la primera respuesta, cuando no la única.
La solución a estas cuestiones que estoy planteando no pasa por una dirección política, ni por un dirigente, ni por un liderazgo. Tal vez no pase siquiera por una organización al completo. Ni pasa por Juventudes Socialistas de España, ni por su nueva Comisión Ejecutiva, ni pasa por el PSOE, ni pasa siquiera por todos y cada uno de los militantes, simpatizantes y votantes. Nuestro papel está en generar escenarios, alentar, dinamizar una sociedad civil crítica que, por un lado, dé salida a inquietudes que están en el imaginario colectivo de la izquierda española y, por otro lado, en esos mismos escenarios generados, conforme una mayoría electoral que sustente una nueva mayoría parlamentaria y logre dar una alternativa institucional irreversible a eso que sabemos que no nos gusta y que, en buena medida se sustenta en poderes que no son el meramente político, por lo que el esfuerzo debe ser mayor.
¿Por qué digo irreversible? Porque, en buena medida, muchas de las cuestiones que han sustentado el proyecto progresista en España en la última década se han tomado de modo reactivo a otras cuestiones, a décadas de aguantar “cosas que ya no deberían ser así” y, para desgracia nuestra, las medidas que hemos planteado y ejecutado están siendo desmanteladas con bastante más facilidad que implantadas.
Existe en el imaginario social español la idea de que determinados ejes ideológicos de la derecha son mucho más intocables que los de izquierda y que cuando pretendemos poner uno de estos ejes como mínimo social común, no pasa nada (en el plano moral colectivo) si la derecha en el gobierno lo deroga. Parecía un mínimo común y razonable que la dirección de RTVE fuera elegida parlamentariamente y ha sido tan razonable como desechable. Parecía razonable disminuir nuestra dependencia de la energía nuclear, pero sólo lo parecía.
Así pues, lo que necesitamos es no sólo rearmar nuestro proyecto político con ideas frescas sino implantar en la sociedad, empezando por la que nos apoya con el voto, que esas ideas no son de aplicación efímera, sino que son hitos irreversibles. Podemos pensar que esto es bastante más complicado cuando la derecha desmonta “hitos irreversibles” como la jornada de ocho horas, la sanidad universal o, en su pretensión y en potencia, el salario mínimo.
¿Cuál es el papel de los jóvenes socialistas ante este reto y cuál es la intención de la nueva Comisión Ejecutiva Federal de Juventudes Socialistas de España?
Convenimos, pues, en que la labor es dinamizar la sociedad progresista para generar unas ideas alternativas a las neoliberales y, construyendo como socialistas esas ideas en el seno de la sociedad a la que pertenecemos, darles esa salida institucional con una mayoría electoral lograda en el mismo proceso de dinamización social.
Una buena parte del sustrato de esa sociedad llamada a dotarnos de ideas la conforman los jóvenes, mayoritariamente ubicados en la afinidad a ideas progresistas. Y en el contexto en que nos hallamos, la mitad de ellos están en el paro, ninguno ha participado en el proceso constituyente y no han vivido otra situación que no sea la de servicios públicos universales y gratuitos, es decir, no se han visto privados de medicinas por falta de recursos.
Nuestra tarea como Juventudes Socialistas debe ser la de un generador/recolector de ideas y la de un aproximador entre los jóvenes y los socialistas. Una suerte de canalizador.
Para ello, principalmente, debemos potenciar nuestra presencia y trabajo en determinados ámbitos.
Debemos estar en los centros educativos. Y los centros educativos en nosotros. Recoger del entorno universitario ideas que están bullendo y aprovechar también el caudal de ideas de los compañeros y compañeras que son universitarios, post-universitarios, o con una alta cualificación técnica, para rearmar el proyecto.
También debemos estar en los centros de trabajo, y exponer, junto con las fuerzas sindicales y sus departamentos juveniles, que el modelo sindical debe adaptarse a una realidad que nos ha superado, para así encauzarla a nuestros intereses, que el modelo sindical debe abstraerse de la mera sección sindical cuando un joven está seis meses en una empresa, tres en la otra y otros tres en el paro, de modo que no hay manera de que se genere una mínima conciencia de la esfera de derechos de cada cual.
Tenemos pendiente desanclarnos un poco, en Juventudes Socialistas, de una dependencia en el proyecto de las cuestiones de bienestar social y rearticular profundamente respuestas sobre macroeconomía, fiscalidad, política internacional y multilateralismo, justicia…
Y también debemos afrontar nuevos retos que el conservadurismo ha planteado y que subyacen bajo sus medidas principales. Un recorte de becas no sólo imposibilita el acceso a estudios superiores o retrasa la terminación de los mismos, sino que cercena la movilidad de determinados jóvenes por la Unión Europea o les pone en el otro lado del abismo en la brecha digital, porque es obvio que si no hay dinero en casa para pagar la matrícula, no lo habrá para pagar un año de Erasmus, ni para la factura del ADSL o un plan de datos en una compañía de telefonía móvil. Y en esas consecuencias derivadas se generan fracturas sociales, aislamiento o estancamiento social, hechos que no se pueden seguir escapando más de nuestro discurso político, y ahí estará JSE.
La tarea es ingente, pero contamos con la fuerza de miles de jóvenes que quieren aportar y con la complicidad del conjunto de los socialistas para construir y avanzar, juntos.